Los índices de violencia contra mujeres, no solo en Colombia, sino en toda Latinoamérica, son alarmantes; es casi imposible creer que en pleno siglo XXI, se continúe maltratando y anulando a la mujer de la manera en que está siendo víctima, y peor aún, que nosotras mismas lo toleremos y no exijamos que se nos respete. Y para hablar de las razones o motivaciones por las cuales las mujeres no detenemos los abusos a tiempo y denunciamos, es necesario hablar del concepto de violencia, violencia de género, tipos de maltrato, perfiles y circunstancias de maltrato, para conocer un poco más la realidad de una mujer víctima del maltrato.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daño psicológico, trastorno del desarrollo o privaciones”. Según la definición de la ONU, la violencia de género es “cualquier acto o intención que origina daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a las mujeres. Incluye las amenazas de dichos actos, la coerción o privación arbitraria de libertad, ya sea en la vida pública o privada”. La violencia de género es conceptualizada cono “una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas por sus agresores carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión y que tiene como resultado un daño físico, sexual o psicológico”. La violencia de género a la que se refiere éste concepto comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluida la agresión a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad que reciben las mujeres por parte de hombres con quienes han vivido o siguen manteniendo una relación.
Recientemente está dejando de ser considerada un asunto privado y cobra la relevancia de un problema social que debe ser comprendido, prevenido y adecuadamente valorado.
El perfil de la víctima de maltrato doméstico corresponde en su mayoría a mujeres jóvenes, con una edad media de 41años. Es destacable que, en los últimos años, aumenta de forma muy significativa el grupo de mujeres que solicitan ayuda y tienen menos de 30años. En el momento de solicitar tratamiento psicológico más de la mitad se encuentran separadas o en trámites de separación. Casi la mitad tienen in nivel económico y cultural medio y en un tercio de los casos desempeñan una profesión formal estable. En general disponen de algún tipo de apoyo o bien social o bien familiar. Sin embargo, es importante destacar que un porcentaje menor al 50, no tienen apoyo familiar y no disponen de apoyo social. Sólo una pequeña parte de las víctimas han tenido una historia psiquiátrica anterior referida sobre todo al ámbito de las alteraciones emocionales (ansiedad y depresión). Se trata, por tanto, de mujeres equilibradas mentalmente que sufren trastornos psicológicos actualmente como consecuencia de una situación de malos tratos crónicos. Las víctimas han pensado en forma persistente en el suicidio en algún momento, y lo que es aún más grave algunas lo han intentado en alguna ocasión.
El perfil del maltratador pertenece, por lo general, a hombres jóvenes, con una edad media de 40años (la edad oscila entre 18 y 61 años), casados o emparejados y con hijos. La mayoría han cursado estudios primarios y el resto secundarios y universitarios. Presenta bastantes síntomas psicopatológicos tales como la ansiedad generalizada, problemas en el control de la ira, impulsividad, déficit de autoestima, celos, abuso de alcohol, hostilidad y dependencia emocional, pero sin un cuadro clínico definido. Manejan distorsiones cognitivas, dentro de las cuales están las ideas machistas sobre los roles sexuales (inferioridad, indefensión, sumisión de la mujer, etc.), el uso de la violencia como forma eficaz para resolver conflictos y la percepción de falta de responsabilidad sobre sus actos y minimización de la gravedad del problema. Otra característica detectada en los maltratadores es la incapacidad de expresar sus sentimientos, emociones, pensamientos y necesidades de forma adecuada. Diversos estudios han intentado establecer diferentes tipologías de acuerdo con las características observadas en los hombres violentos y se pueden señalar algunas de ellas que aparecen en los que son especialmente peligrosos: Son celosos patológicos, calculan fríamente la utilización de la violencia, tienen falta de capacidad empática y ejercen la violencia dentro y fuera del hogar.
En cuanto a las circunstancias del maltrato, la mayor parte de las víctimas han experimentado un maltrato físico. En estos casos, las agresiones físicas han sido precedidas de un maltrato psicológico en la mayoría de los casos. La duración media del maltrato doméstico es de más de 10 años y el primer episodio se produjo en el primer año de la relación. Asimismo, el maltrato tiende a extenderse a los hijos, sin que se produzca de forma diferencial atendiendo al género. En los casos en donde no se ha iniciado el maltrato en los primeros momentos de la relación, las circunstancias que se han relacionado con el inicio de la violencia son: Consumo abusivo de alcohol, celos, cambio de trabajo, problemas económicos, infidelidad y toxicomanía. En muchos casos se producen lesiones físicas que requieren asistencia médica y agresiones sexuales dentro del matrimonio. Además, en casi la mitad de los casos, el maltrato continúa durante el embarazo.
En resumen, la conducta violenta en el hogar o la pareja, es el resultado de una expresión inadecuada de la ira que interactúa con actitudes de hostilidad (que está muy relacionada con estereotipos sexuales machistas en relación con la necesidad de sumisión de la mujer, con la percepción de indefensión de la víctima y con la percepción subjetiva de que la violencia es un método eficaz y rápido de conseguir lo que se quiere), con un repertorio pobre de conductas (déficit de habilidades de comunicación y de solución de problemas) y con unos factores precipitantes (situaciones de estrés, consumo de alcohol, celos, etc.).
Este acercamiento es de gran utilidad para establecer los factores de la tolerancia por parte de la mujer al maltrato; es una realidad que cada mujer es un caso particular, con unas características de personalidad específicas, con unos recursos propios para hacer frente a los problemas y con unas circunstancias determinantes en su propia vivencia personal. Sin embargo, se han identificado una serie de factores comunes que explican por qué una mujer no denuncia los maltratos o no pide ayuda para hacer frente a esa situación ya sea desde el plano psicológico o familiar y/o social.
En primer lugar, existe una tolerancia a los comportamientos violentos (menos, en cualquier caso, en las mujeres jóvenes y con un mayor nivel cultural y económico) que está relacionada con el temor a hacer pública en el medio social una conducta tan degradante y a las posibles consecuencias negativas derivadas de la separación (precariedad económica, futuro incierto de los hijos, etc.).
En segundo lugar, existe una dependencia de la mujer respecto a su pareja que no sólo se manifiesta en el área económica sino también en la afectiva y relacional. Y eso es así, porque el maltrato doméstico o de pareja conduce con frecuencia a un cierto aislamiento social. La vergüenza social que percibe la mujer maltratada le lleva a encerrarse en sí misma y a hacerse aún más dependiente del agresor quien, a su vez, experimenta un aumento del dominio a medida que se da cuenta del mayor aislamiento de la víctima.
En tercer lugar, el miedo a represalias por parte del maltratador, es una razón importante que impide denunciar o buscar ayuda de algún tipo. A menudo, es la situación más difícil de afrontar y superar desde el plano terapéutico dado el riesgo real que tienen de sufrir agresiones físicas graves.
En cuarto lugar, el estado psicológico en que se encuentra la mujer a menudo le impide buscar soluciones adaptativas a sus problemas. Además de estos factores, que en conjunto influyen de alguna manera en el mantenimiento del maltrato, es necesario entender el ciclo de la violencia en el que se halla inmersa la mujer, que tiene un desarrollo lento y ascendente. Este ciclo se inicia con un periodo de construcción de la tensión en la pareja, en el que la mujer tiene un mínimo de control de la frecuencia y severidad de los episodios violentos; la segunda fase se inicia cuando aparece la violencia. Las agresiones actúan como un castigo ante cualquier conducta de la mujer y tienen como consecuencia la pérdida del control de la situación. La tercera fase es la de arrepentimiento, en la que el maltratador muestra conductas de arrepentimiento y se compromete, en el mejor de los casos, a tomar medidas para resolver la situación. Así se produce el círculo violento.
La disminución del refuerzo social es también un factor importante. El agresor a menudo impide a la mujer la relación con sus familiares y amigos y se produce, por tanto, la reducción de refuerzo social y de las actividades de refuerzo general. El aislamiento social favorece la dependencia con el agresor como única fuente de “refuerzo” social y material. Con el paso del tiempo éste ciclo se va cerrando cada vez más, el maltrato es más frecuente y severo y la victima se encuentra con menos recursos psicológicos para salir de la situación.
En estas circunstancias, la decisión de separación, es compleja y más difícil de asumir de lo que parece y está condicionada a la evaluación subjetiva de la victima de los “perjuicios” y beneficios de la relación. Pero permanecer en la relación violenta implica un desgaste psicológico grave. Por ello, cuando la víctima percibe que con su comportamiento no puede potenciar los comportamientos positivos de su pareja y que haga lo que haga va a sufrir maltrato, empieza a recuperar la sensación de control y responsabiliza única y exclusivamente a su pareja de las conductas violentas y de las posibilidades de cambio. Es en este momento, cuando los problemas económicos, emocionales, familiares e incluso el miedo a represalias adquieren su verdadera importancia, a menudo de gran peso, pero no se perciben como obstáculos insuperables para permanecer en la relación violenta.
Fuentes
· http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=1155
· http://www.mimdes.gob.pe/pncvfs/3_violencia_familiar.htm
· http://www.elpais.com/articulo/opinion/Violencia/machista/elpepiopi/20080524elpepiopi_2/Tes
· Entrevista con el médico Javier Muñoz - Clínica Colombia

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