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lunes, 5 de agosto de 2013

…LA LUCHA NO ES CONTRA CARNE NI SANGRE…



Me llama mucho la atención lo que está sucediendo en este momento en el mundo y no hablo simplemente del mundo en su dimensión física, sino también y sobre todo en la esfera espiritual.  Muchos, confundidos por el enemigo estamos declarándole la guerra a compañeros de batalla, mientras el verdadero oponente se apodera de las naciones.



Yo no sé si el papa o los católicos en general piensan que cada cristiano-evangélico que sale a la calle es como un zombi programado que busca a toda costa arrebatar de sus dulces y santas manos, a católicos indefensos y que estamos tan bien entrenados que únicamente nuestro olfato predicador y evangelista se activa cuando hay uno de su especie cerca; o que nos agolpamos a la entrada de sus iglesias o catedrales como lobos hambrientos a esperar que una tierna oveja salga para morderla con nuestras fauces asesinas y llevarla presa a un lugar de desolación donde sufrirá eternamente...

Pero, lamento decepcionarlos, yo sé que es muy difícil entender y asimilar que no son el ombligo del mundo y que a pesar de controlar, de muchas maneras, varias áreas como la política y la economía, el anhelo de un evangélico de predicar y el fuego que puso el Espíritu Santo en cada uno de nosotros es algo sobre lo que no tienen control.
Cuando un cristiano sale a la calle no lleva un "Detector de Católicos 2.000 marca ACME", que le pueda decir si X o Y persona pertenece o no a su selecto grupo, simplemente salimos y hacemos nuestro trabajo (Mateo 28:19), sin importar quien esté escuchando, viendo o recibiendo.  Y me niego a preguntarle a cada persona la religión a la cual pertenece antes de soltar una palabra de bendición, porque si están ahí es por una razón, y sobre todo por voluntad de Dios.  Si es católico o no, si es musulmán o hindú, si es ateo o budista, si es judío o islamista para mí es lo mismo: un coheredero de las promesas de Cristo, pero que aún no lo sabe.  Y es mi deber revelarle esa buena nueva, si quiere creer que crea, sino “fue un placer”.

A nadie se le coacciona para congregarse en una determinada iglesia  -y si con usted lo están haciendo, pues usted es un idiota, porque eso es un delito-, y mucho menos, hasta donde tengo entendido algún evangélico ha entrado a una catedral católica, arma en mano y ha secuestrado a ese gran porcentaje de feligreses que reclama el papa.  Sencillamente, somos un avivamiento espiritual, un ejército valiente que busca la gracia, el poder  y el amor de Dios, pero sobre todo, buscamos hacerlo sonreír a Él ganando incrédulos o indiferentes para su Gloria; y la gente quiere eso, ese algo que tenemos, esa sustancia especial, ese no sé qué en no sé dónde, que trasciende emocionalismos, y nos conecta directamente con el Padre, porque así debe ser, sin más intermediario que Jesucristo.

Así que mi primer consejo, para el Sumo Pontífice, humano y mortal como todo el mundo, es que afirme a las almas que ya tiene, porque si sale sin cerrar la cerca, en busca de las ovejas que se le perdieron y deja de prestar atención a su rebaño, cuando regrese no le va a quedar ninguna y no precisamente porque un evangélico entró como ladrón en la noche y se las robó, sino por descuido.  AFIRMAR

Segundo, el Señor nos envió para ser luz (Mateo 5:14) y la luz prevalece sobre las tinieblas (Juan 1:5), nos envió a predicar y a dar luz a quien está en tinieblas; Francisco, yo estaría más preocupada por ese porcentaje de ateos que hay en Italia, ¿quién los evangelizará a ellos?  Claro, nosotros los cristianos y serán más militantes engrosando nuestras filas… como dice una famosa cuña de radio: después no digas que no avisamos!!!  EVANGELIZAR (nuevos)

Y por último, si el texto de cabecera de ustedes, mis queridos amigos es la Biblia, bueno pues a practicarla, no es tarea fácil, pero parafraseando lo dicho por Mackenzie Crook en Piratas del Caribe 2 cuando interpretó a Ragetti, “se tiene en cuenta que lo intenten”.  Además nosotros no somos culpables de recibir revelación del avivamiento del Espíritu Santo, el evangelio es para todos, y todos podemos predicarlo, o ¿acaso cuando Cristo murió en la cruz el velo del templo no se rasgó permitiendo que la presencia de Dios y cada beneficio del Lugar Santísimo saliera y llenara la tierra?, ¿acaso la Palabra, su entendimiento y su discernimiento es exclusivo de unos pocos? ¿Acaso los frutos y los dones que el Espíritu Santo da como le place, solo pueden ser  derramados sobre algunos?  ¿Acaso no es un mismo Dios, una misma fe y una misma salvación para todos? ¿Acaso el gozo que vive en nuestro corazón, que quiere salir y hacernos brincar, y los instrumentos tocar, es inmundo a los ojos del Padre? ¿Acaso rockear o cantar un vallenato, una salsa o un pop no es tan especial o celestial como un himno solemne?  ¿Acaso no vale más entender, vivir y sentir a Cristo diariamente que simplemente cumplir con un rito cada domingo? AVIVAMIENTO




¿Acaso la guerra es contra los evangelistas? ¿Acaso no es contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales (Efesios 6:12)?  ¿Acaso somos nosotros los enemigos?, ¿acaso no somos un ejército guiado por el mismo comandante y encaminados a la misma misión?